Cuando se habla de Omega-3 durante el embarazo, la conversación suele saltar rápidamente a una pregunta: “¿cuánto DHA debería consumir?”. Antes de llegar ahí, hay otra pregunta que ayuda a entender mejor el tema: ¿de dónde viene ese Omega-3 y qué implica la fuente que elegimos?
El DHA forma parte de la familia de los Omega-3 y está presente de manera natural en pescados y otros alimentos marinos. Pero hablar de alimentación durante el embarazo no consiste únicamente en buscar un nutriente aislado. También importa la especie de pescado, su contenido de mercurio, la forma en que se prepara y, cuando se trata de un aceite de pescado, cómo fue procesado.
Este artículo no busca indicar cuánto DHA necesita una persona ni recomendar un producto durante el embarazo. El objetivo es ordenar la información para que puedas entender mejor las fuentes de Omega-3 y llevar preguntas más precisas a tu médico tratante.
Hablar de Omega-3 durante el embarazo no es hablar de un solo nutriente ni de una recomendación universal. Conviene distinguir el tipo de Omega-3, la fuente alimentaria y, cuando hablamos de pescado, la especie y su contenido de mercurio.
DHA, EPA y ALA: no todo el Omega-3 viene de la misma fuente
Omega-3 es el nombre de una familia de ácidos grasos. Entre los más estudiados están el ALA (ácido alfa-linolénico), el EPA (ácido eicosapentaenoico) y el DHA (ácido docosahexaenoico).
El ALA se encuentra principalmente en alimentos de origen vegetal, como linaza, chía, nueces y algunos aceites vegetales. El EPA y el DHA se encuentran principalmente en pescados, mariscos y aceites marinos, de acuerdo con los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos.
El organismo puede convertir una parte del ALA en EPA y después en DHA, pero esa conversión es limitada. Por eso, una fuente vegetal de ALA y una fuente marina de EPA y DHA no deben tratarse como si aportaran exactamente lo mismo.
Si quieres profundizar en estas diferencias, la Guía Omega-3 de Lýsi y el artículo “EPA y DHA: cuál es la diferencia y por qué son importantes” explican con mayor detalle los distintos tipos de Omega-3.
Fuente: National Institutes of Health, Office of Dietary Supplements.
¿Por qué aparece tanto el DHA cuando se habla de embarazo?
El DHA es un componente estructural de las membranas celulares y se encuentra en concentraciones especialmente altas en tejidos como el cerebro y la retina. Los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos (NIH, por sus siglas en inglés) incluyen a los Omega-3 de cadena larga entre los nutrientes estudiados durante el embarazo y describen la acumulación de DHA en el cerebro y la retina durante el desarrollo fetal.
Esto ayuda a entender por qué el DHA aparece con frecuencia en investigaciones y conversaciones sobre nutrición durante el embarazo. Pero hay una distinción importante: describir la función biológica de un nutriente no equivale a decir que todas las personas embarazadas necesiten consumir una cantidad adicional, el mismo producto o la misma formulación.
La alimentación habitual, los productos que ya se consumen y el contexto individual forman parte de esa conversación. Por eso, aquí nos concentraremos en algo que sí podemos revisar de forma práctica: las fuentes de Omega-3 dentro de la alimentación.
Fuente: NIH, Dietary Supplements and Life Stages: Pregnancy.
Cuando la fuente es pescado, la especie también importa
Los pescados y mariscos pueden aportar EPA y DHA directamente, además de proteína y otros nutrientes. Al mismo tiempo, prácticamente todos los pescados contienen al menos trazas de metilmercurio, aunque las cantidades varían considerablemente entre especies.
La Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA, por sus siglas en inglés) y la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos (EPA, por sus siglas en inglés) explican que el metilmercurio tiende a acumularse más en peces grandes que comen otros peces y en especies que viven durante más tiempo.
Este proceso de acumulación ayuda a entender por qué especies pequeñas como la sardina y la anchoa suelen aparecer entre las opciones con menor contenido de mercurio. Sin embargo, el tamaño no debe utilizarse como única regla: la especie, su alimentación y su longevidad también influyen.
Fuente: FDA/EPA, Advice about Eating Fish.
Sardina y anchoa frente a peces grandes: una diferencia que se puede medir
Los datos utilizados por la FDA y la EPA para elaborar sus recomendaciones muestran diferencias claras entre algunas especies. Estos valores son promedios de mercurio encontrados en pescado comercial y no corresponden a análisis de materia prima de Lýsi.
| Especie | Mercurio promedio reportado por FDA | Clasificación FDA/EPA |
|---|---|---|
| Sardina | 0.01 ppm | Mejor opción |
| Anchoa | 0.02 ppm | Mejor opción |
| Tiburón | 0.98 ppm | Evitar |
| Pez espada | 1.00 ppm | Evitar |
La diferencia es relevante porque durante el embarazo no se trata simplemente de decidir entre “comer pescado” o “no comer pescado”. Se trata de conocer mejor qué especies forman parte de la alimentación.
La guía de FDA/EPA para personas embarazadas o en lactancia recomienda elegir una variedad de pescados con menor contenido de mercurio. En Estados Unidos, su orientación general es consumir de dos a tres porciones por semana de las especies clasificadas como “Best Choices” o mejores opciones. Esta orientación corresponde a autoridades sanitarias estadounidenses y funciona aquí como referencia educativa; no sustituye las indicaciones del médico tratante ni necesariamente contempla todas las especies o condiciones disponibles en México.
También conviene recordar que cocinar o limpiar un pescado no elimina el mercurio presente en sus tejidos. Una manera de reducir la exposición es elegir especies con menores concentraciones, de acuerdo con las recomendaciones de FDA/EPA.
Datos: FDA, Technical Information on Development of FDA/EPA Advice about Eating Fish.
¿Y qué pasa con la linaza, la chía y las nueces?
Estos alimentos pueden formar parte de una alimentación variada y son fuentes de ALA, otro tipo de Omega-3.
La diferencia está en que no aportan directamente EPA y DHA en la misma forma que los pescados y mariscos. El organismo puede convertir algo del ALA en EPA y DHA, pero los NIH describen esa conversión como limitada.
Esto no convierte a una fuente en “buena” y a otra en “mala”. Simplemente significa que cuando hablamos de Omega-3 conviene identificar cuál estamos consumiendo, en lugar de asumir que todos son intercambiables.
Si una persona no consume pescado, sigue una alimentación vegetariana, tiene una alergia o simplemente estos alimentos no forman parte de su dieta habitual, ésa es precisamente una de las situaciones que vale la pena comentar con un profesional de la salud.
Para ampliar este punto, puedes consultar también “¿Qué es el Omega-3 y cómo integrarlo a tu alimentación diaria?”.
Del pescado al aceite: también importa cómo se obtiene y se procesa
Hasta aquí hemos hablado del pescado como parte de la alimentación. Cuando hablamos de un aceite de pescado, aparece otra pregunta: ¿qué sucede entre la especie de origen y el aceite que finalmente consumimos?
Para entenderlo conviene revisar tres cosas.
¿De qué especies proviene?
Conocer la especie ayuda a entender mejor la materia prima y separarla de las características del producto terminado.
¿Cómo se refina?
El aceite crudo puede pasar por distintas etapas para retirar componentes no deseados y controlar sus características.
¿Qué puede documentarse?
La especie de origen no basta por sí sola: también importa la información disponible sobre el aceite que llega al consumidor.
La documentación técnica de Lýsi explica que el aceite crudo pasa por un proceso de refinación antes de convertirse en el producto terminado y que esta refinación retira componentes no deseados, incluidos contaminantes. El proceso puede incluir etapas como neutralización, blanqueo, winterización, destilación, desodorización y estandarización.
Lýsi identifica anchoveta peruana, sardina europea y anchoa entre las principales especies de origen de su aceite Omega-3 de pescado. Después, el aceite pasa por el proceso de refinación descrito anteriormente.
En México, la información vigente del Aceite de Pescado Lýsi declara al producto como “libre de mercurio, toxinas y contaminantes”.
Esto no significa que por utilizar peces pequeños cualquier aceite de pescado esté automáticamente libre de mercurio. Son variables diferentes: la especie de origen aporta información sobre la materia prima; el proceso de refinación interviene posteriormente sobre el aceite; y las características del producto final deben revisarse por separado.
Durante el embarazo, conocer esta información puede ayudar a hacer mejores preguntas sobre un producto, pero no sustituye la valoración individual del médico tratante.
Fuentes de marca: documentación técnica de Lýsi y ficha vigente de Aceite de Pescado Lýsi México.
Siete preguntas que puedes llevar a tu próxima consulta
Más que buscar una respuesta universal en internet, puedes utilizar esta información para tener una conversación más concreta con tu médico tratante.
Cuéntale qué pescados consumes, con qué frecuencia y si también incluyes alimentos con ALA como linaza, chía o nueces.
Pregunta qué especies conviene priorizar y cuáles deberías limitar o evitar considerando el mercurio y tu contexto individual.
Las recomendaciones generales pueden servir como referencia, pero tu médico puede ayudarte a interpretarlas de acuerdo con tu alimentación y tu embarazo.
Esto puede ser relevante si sigues una alimentación vegetariana, tienes alergia al pescado, no lo toleras o simplemente no forma parte de tu dieta habitual.
Lleva las etiquetas o fotografías de los productos que utilizas. Revisar el conjunto permite evitar decisiones basadas en un solo ingrediente.
Puedes preguntar por la especie de origen, la cantidad de EPA y DHA por porción, el proceso de elaboración, otros ingredientes, alérgenos, advertencias y cualquier criterio adicional que tu médico considere relevante.
Esta pregunta deja la decisión donde corresponde: en una revisión individual que considere tu alimentación completa, tu historial y el seguimiento de tu embarazo.
La información sirve para hacer mejores preguntas
Cuando hablamos de Omega-3 durante el embarazo, saber que un alimento contiene “Omega-3” es sólo el inicio.
También importa qué tipo de Omega-3 aporta, de qué especie proviene y, si se trata de un aceite de pescado, cómo fue procesado y qué información existe sobre el producto final.
El DHA forma parte de esta conversación porque es uno de los principales Omega-3 de origen marino y tiene una función estructural reconocida en el organismo. Pero ese conocimiento no debe convertirse automáticamente en una indicación de consumo.
La decisión práctica es mucho más individual: revisar qué comes, conocer mejor las fuentes y llevar esa información a consulta.
La página de Lýsi México sobre Omega-3 durante el embarazo y la lactancia puede ayudarte a ordenar la información que conviene revisar con un profesional de la salud.
Fuentes consultadas
- National Institutes of Health (NIH), Office of Dietary Supplements. Dietary Supplements and Life Stages: Pregnancy — Health Professional Fact Sheet. Consulta: agosto de 2026.
- National Institutes of Health (NIH), Office of Dietary Supplements. Omega-3 Fatty Acids — Health Professional Fact Sheet. Consulta: agosto de 2026.
- U.S. Food and Drug Administration (FDA) / U.S. Environmental Protection Agency (EPA). Advice about Eating Fish. Consulta: agosto de 2026.
- U.S. Food and Drug Administration (FDA). Technical Information on Development of FDA/EPA Advice about Eating Fish. Consulta: agosto de 2026.
- Lýsi. Omega-3 Fish Oil — documentación técnica. Consulta: agosto de 2026.
- Lýsi México. Aceite de Pescado. Consulta: agosto de 2026.